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el amante circunflexo

Registrado: 23 Oct 2003 Mensajes: 394
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Publicado: Vie Ene 21, 2011 16:09 Asunto: “En el mundo real”, por Diego A. Manrique |
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En el mundo real
Diego A. Manrique
Justo cuando la IFPI difundía el informe que coloca a España en un lugar tan puntero, glorioso para muchos e ignominioso para algunos, un servidor visitaba las oficinas de una discográfica. Más exactamente, una distribuidora que también editaba discos con cuidados libritos (letras traducidas, explicaciones...). No es precisamente un palacio: media planta en un edificio periférico para uso industrial. Un montacargas de película de terror, techos altos, temperaturas bajas ("mejor no te quites el abrigo") y media docena de personas trabajando.
¿La crisis? Ya apenas publican discos por su cuenta: "La mínima tirada serían mil copias y ni siquiera puedes colocar esa cantidad en los puntos de venta". Las grandes superficies achican constantemente el hueco para la música y las tiendas pequeñas desaparecieron o tratan directamente con mayoristas europeos y estadounidenses. Aquí han reaccionado ampliando la oferta: importan elepés de vinilo y merchandising. "Funcionó al principio pero, en cuanto se enteran las multinacionales, te quitan el espacio con ofertas mejores para el minorista". También distribuyen lanzamientos de diminutas discográficas nacionales. A veces, autoediciones de grupos o solistas que exhiben una visión ingenua del negocio musical: "Te piden que hagas promoción, que montes presentaciones. Y debes explicarles el abecé, que nosotros solo servimos los discos a la tienda. Han hecho mucho daño esas ficciones de disqueras omnipotentes, que cogen a un desconocido y lo llevan al Olimpo".
Inevitablemente, esta compañía se ha ido desplazando hacia la gama baja de los soportes físicos. "Son dobles CD que juntan tres o cuatro álbumes clásicos. O te presentan 50 temas seleccionados de un artista. Existe un buen mercado para estas recopilaciones baratas. Es mentira que haya desaparecido el comprador de discos".
Hay truco, claro. Se trata de material con 50 o más años de antigüedad y que, por lo tanto, está en el dominio público: "Lo podrían hacer las multis, que eran las propietarias originales, pero no están interesadas. Ofrecen márgenes mínimos para ellas: prefieren la gama alta, las cajas de lujo". Explican que esas recopilaciones no son necesariamente peores que las caras: "Vienen de Francia, Alemania o Reino Unido, donde hay gran tradición de sellos para coleccionistas, con especialistas que manejan mucha información. Ahora trabajan para un público más amplio y lo presentan con portadas simpáticas".
Sin embargo, aquí recuerdan lo de "pan para hoy, hambre para mañana". Están exprimiendo la edad de oro de la música grabada pero el futuro no resulta prometedor: "Una antología económica de Chet Baker tiene su sitio en una estantería de la Fnac, pero ¿dónde encuentras al Chet Baker del presente? Quizás no salga de Myspace". |
http://www.elpais.com/articulo/cultura/mundo/real/elpepicul/20110121elpepicul_2/Tes _________________ Papiroflexia para circunflexos |
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forever blue Invitado
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Publicado: Sab Ene 22, 2011 00:21 Asunto: |
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¿Pero si somos lideres mundiales en descargas ilegales? ¿Quién es el lider en descargas legales?
Yo creo que a que le interesa la música se compra el disco, ahora en muchas tiendas viven de los encargos, quizás es la única forma de sobrevivir eso es cierto, parece que porqué haya otras formas de vender la música ya la de siempre sea anacrónica cuando puede ser tan válida si se adapta y en parte ya lo ha hecho.
Triste pensar que se diga que ir al cine es caro y luego por grupos de música se paguen entradas que son de juzgado de guardia. |
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promero Invitado
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Publicado: Sab Ene 22, 2011 12:37 Asunto: |
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| Por lo que describe Manrique, la distribuidora es Resistencia. |
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robo

Registrado: 26 Feb 2007 Mensajes: 833 Ubicación: En algún lúgar de un Cementerio o Camposanto
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Publicado: Sab Ene 22, 2011 17:50 Asunto: |
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"Entre todos la mataron y ella sola se murió", es la frase que podría resumir lo que ha pasado con la industria musical en los tiempos que vivimos.
El tema de las descargas en mi opinión, es simplemente un aspecto más de un arte que su propia industria se dedicó a aniquilar.
Como ha apuntado el sr Manrique en algún otro articulo, la industria pudo haber cambiado el modelo de negocio en los años 90, pero se optó por el inmovilismo porque era muy rentable, pero no eterno...
Para gran parte del público la música ha dejado de tener ese componente fetichista: los conceptos, las obras temáticas, han dejado de tener gancho entre el público más joven, para dar paso a canciones que simplemente simbolizan, estados de ánimo o momentos en el tiempo. No en vano, hace tiempo que portales como Amazon o Itunes, valoraban la posibilidad de dejar de proveer discos completos, para centrarse en vender canciones, o discos a la carta.
La verdad es que la industria en su voluntad de hacer ante todo negocio y dividendos, hace tiempo que se despreocupó de la calidad de los productos que vendía, y aún hoy son reacios a reconocerlo.
Un ejemplo, hace poco la disquera Vale Music anunciaba su inmediato cierre, con la piratería como única responsable de tal medida según sus responsables. Repasando su catalogo, hay más que evidencias para afirmar que la piratería no ha sido la única causante de su final. Tal vez ese concepto de música "kleenex", (usar y tirar) que han seguido muchos cazatalentos y productores para conseguir beneficios rápidos, sea uno de los factores que más daño le ha hecho a la música, principalmente porque este nuevo paradigma, era retroactivo e iba creando nuevas generaciones de melómanos también de usar y tirar.
Pero la industria no está por acatar su culpa, en el lenguaje del capitalismo, el victimismo y el maniqueísmo, son dos armas muy recurrentes. |
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Hermes Invitado
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Publicado: Sab Ene 22, 2011 21:56 Asunto: El futuro: ¿una nueva década "psicodélica" y mutante? |
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Diego A. Manrique, El País, 22/01/11
"Soluciones de emergencia"
"La próxima década habrá mutaciones que parecerán alucinaciones para los oídos. Ahora circula más música que nunca, un universo sonoro imposible de reducir a mapas manejables: el Salvaje Oeste para los derechos de autor, El Dorado para los melómanos. El mundo parece más pequeño, pero eso no resulta necesariamente más enriquecedor
No venden mágicas bolas de cristal en el chino de la esquina. Ahora mismo, pretender adivinar las formas del futuro en las músicas populares parece misión tan imposible como reconstruir la mezquita musulmana que se desmontó para elevar una catedral cristiana. Estamos todavía en los momentos posteriores al terremoto, noqueados y boquiabiertos. Todo el sistema para la producción, distribución y valoración de la música, perfeccionado a lo largo del siglo XX, se ha derrumbado o se mantiene precariamente.
Desaparecen o se encogen discográficas grandes y pequeñas, tiendas de discos, revistas musicales. Lo que queda del gran mercado está esencialmente en manos de multinacionales, con recursos suficientes para mantener la ficción de su dominio. Suyas son las divas que ejercen de iconos globales: Lady Gaga, Beyoncé, Amy Winehouse, Madonna, Rihanna.
Los lectores de estas líneas ya saben que hay música fuera de los rincones del cotilleo en prensa, televisión y la Red. De hecho, circula más música que nunca, un universo sonoro imposible de reducir a mapas manejables. De acuerdo: el Salvaje Oeste para los derechos de autor, pero El Dorado para los melómanos. Unos blogs y páginas web reviven artistas y estilos oscuros; otros bautizan y dan forma a movimientos nebulosos. Aunque los ciclos se han acelerado: antes cabía esperar a que las tendencias maduraran, a que segregaran embajadores ante el mainstream. Hoy, el hypnagogic pop o el juke pueden haberse fragmentado antes de ser detectados por el sismógrafo de los grandes medios. Su seguimiento requiere implicación, más allá de los oyentes casuales.
Pero cuidado con las hipérboles. La interconectividad global no garantiza vasos comunicantes: se suponía que el Mundial de Sudáfrica iba a descubrirnos las riquezas culturales del país de Mandela y, ay, solo nos trajo la vuvuzela. Obviamente, cualquier punto del planeta está teóricamente al alcance de nuestras teclas, aunque eso no disminuya la necesidad de intermediarios y prescriptores.
Repasen las últimas propuestas surgidas de ese magma bautizado como world music 2.0. El kuduro angoleño, el sonido descacharrado de Kinshasa, el kwaito y el shangaan sudafricanos, la balcanización de la cumbia. Todas han sido promocionadas por productores, recopiladores, discográficas al fin y al cabo. Las músicas que carecen de introductores se quedan en su gueto y pueden degenerar por falta de oxígeno: allí languidece el baile funk, financiado inicialmente por los capos de las favelas brasileñas para consumo interno.
El mundo parece más pequeño, pero eso no resulta necesariamente más enriquecedor. Por ejemplo, padecemos la esterilidad de escenas antes fértiles, como las de las repúblicas hispanoamericanas. Muchos de los chicos listos de México o Argentina se sincronizan con los nerds estadounidenses y exhiben orgullosos el contagio de la peor tontuna indie. Solo Colombia parece resistirse a ese onanismo y genera músicas para públicos amplios, capaces de reflejar un momento de frágil optimismo social.
Vivimos en época de hiperproductividad. Y no me refiero únicamente a la multiplicación de lanzamientos, técnica aplicada incluso por las superestrellas, que buscan científicamente vaciar los bolsillos de sus fieles. Imposible controlar el flujo de casetes, vinilos, CD-R, vídeos caseros, directos, sesiones de disc jockeys, descargas que no tienen existencia física. El concepto jerárquico de output racionado ha quedado desbordado, los propios fans intervienen en el proceso. Estamos viendo una actualización de la práctica de los disidentes en la URSS: el samizdat.
Las tecnologías contemporáneas además facilitan el reciclaje. Existe todo un submundo en Internet consagrado a la reelaboración -¡y difusión!- de grabaciones añejas, fuera del radar de la industria: técnicamente, los resultados son ilegales. Se trata de los mashups, aquí denominados injertos, que crean una pieza nueva a partir de elementos de dos o más canciones previas. Una versión descafeinada de aquellos titánicos plunderphonics que preconizaba el compositor canadiense John Oswald, responsable de collages sonoros como Grayfolded, una pieza de 103 minutos que fundía un centenar de interpretaciones de Dark star, por Grateful Dead. Más recientemente, los belgas 2 Many DJ's confeccionaban Introversy, una hora de música realizada cosiendo digitalmente los comienzos (intros) de más de 400 canciones.
El piélago de lanzamientos explica la ansiedad por rebobinar los grandes momentos pretéritos. Aunque ya han superado el punto de saturación, los discos de homenaje siguen funcionando para relanzar canciones y trayectorias. Los proyectos de remezclas cada vez son más ambiciosos: se espera con curiosidad el trabajo del chileno-germano Ricardo Villalobos sobre piezas escogidas del catálogo del sello ECM. Ni siquiera tenemos la seguridad de verlo publicado: debe superar el estrecho filtro de Manfred Eicher. Más cercana parece la operación de Burial, el maestro londinense del dubstep, sobre grabaciones de Massive Attack. Algunos dirán que están hipotecando las joyas de la abuela. Cierto: ese es el tipo de soluciones que se buscan en las emergencias.
Y si necesitan un adjetivo para caracterizar la próxima década, apuesten por "psicodélico". Asistiremos a mutaciones que parecerán alucinaciones para los oídos."
http://www.elpais.com/articulo/portada/Soluciones/emergencia/elpepuculbab/20110122elpbabpor_20/Tes
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A mí me parece un tanto exagerado en cuanto a su predicción de esas nuevas y raras músicas que vendrán y nos taladrarán los oídos (al leerlo me ha venido a la mente una imagen de zombies y sonidos estridentes atacando mi casa...). Más vale una mutación a tiempo que la endogamia de la omnipresente música comercial.
Por otra parte, y para alegrar tanto catastrofismo, ¿qué hay del regreso del vinilo y de las mencionadas "cajas" para seguidores incondicionales o regalos? ¿Qué tienen de malo?
Al final, como en casi todos los ámbitos de la cultura, siempre habrá consumistas puros que solo quieren "usar y tirar", coleccionistas que comprarán hasta el último artículo de su artista preferido, apasionados pero comedidos que querrán tener en sus manos y por muchos años el CD/vinilo que tanto les gusta... y sobre todo mucha, mucha música de acceso gratuito en Internet que nos dará el poder de elegir lo que queremos escuchar y, si consideramos que vale la pena, comprar.
La masa es estúpida... pero en casa, frente al ordenador, somos individuos con libertad de escoger. |
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promero Invitado
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Publicado: Mar Ene 25, 2011 16:43 Asunto: |
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| A mi me parece que "psicodélico" es un adjetivo bonito, no para dar miedo con historias de zombis |
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Hermes Invitado
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Publicado: Sab Ene 29, 2011 13:24 Asunto: @promero |
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Tienes razón: psicodélico no tiene por qué ser un calificativo negativo.
Pero es la idea que me vino a la mente al leer los últimos párrafos del artículo, donde DAM hace referencia al "submundo" de Internet donde se reciclan antiguas grabaciones y se "injertan" unas con otras, de alguna forma... resucitando a los muertos (o "hipotecando las joyas de la abuela").
A pesar de la crisis creativa global y de la abundancia refritos más o menos interesantes, necesariamente tendrán que surgir de vez en cuando ideas originales que nos sorprendan, nuevas pequeñas revoluciones musicales. Porque las joyas de la abuela no son eternas. |
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Baranda Invitado
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Publicado: Dom Ene 30, 2011 11:01 Asunto: |
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MÚSICA
Diego Manrique: «Esta economía del 'gratis total' va a tener consecuencias»
El periodista interviene hoy en el I Foro de la Música, donde analizará el presente y el posible futuro de la industria discográfica
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JOSÉ AHUMADA
¿Hay futuro para la música pop?. Además de ser la pregunta que se hacen continuamente toda la gente vinculada a la industria discográfica, es el título de la charla que el periodista Diego Manrique ofrecerá en la segunda jornada del I Foro de la Música.
El veterano periodista musical, que ha trabajado en radio, prensa y televisión, hablará de la necesidad de reinventarse y ajustarse a la realidad para una industria cuyas fórmulas de funcionamiento ya no tienen vigencia. Según Manrique, se trata de buscar la respuesta a «cómo producir, distribuir e incluso evaluar la música cuando ya nadie quiere pagar por ella».
En su opinión, Internet es, al mismo tiempo, el paraíso y el infierno para la música. «Esto es como Eldorado para los que aman la música, pero en algún momento tenemos que ser conscientes de que esta economía basada en el 'gratis total' va a tener unas consecuencias. A nadie le gusta plantearse estas consecuencias, pero, por ejemplo, los que trabajamos en prensa ya estamos claramente viendo las orejas al lobo. Hay una bajada de servicio, de cobertura, de sueldo, de personal, y es exactamente lo mismo que está ocurriendo con la música. Paradójicamente, la música se multiplica, pero las producciones son cada vez más económicas y tienen más dificultades para llegar a su público potencial. Es como si hubiéramos desmontado todo el sistema que se ha desarrollado a lo largo del siglo XX. Ahora hay barra libre y nadie pregunta quién va a pagar al camarero o las bebidas ni quien va a conducir a los borrachos de vuelta a casa».
Abuso y piratería
Por un lado, hay quien considera que las discográficas pagan ahora años de abuso; por otro, se culpa a los piratas que desangran el negocio. En medio queda la música, privada de valor. «Las discográficas han podido ser caraduras, pero el sistema ha funcionado y ha ayudado a aflorar miles de obras maestras que definen nuestra personalidad. Es como si coges un tubo de dentífrico, aprietas y aprietas y al final sale todo. ¿Quién va a meter la pasta dentro otra vez? La música ha quedado un poco así, algo que usas y no vale nada, que ha perdido el valor. Y nadie se hace cargo de cuál es la economía real para la música. Eso de 'los músicos, que toquen' es una simpleza: no es fácil tocar y antes de poder vivir de conciertos hay que darse a conocer».
Diego Manrique se imagina un futuro -«partiendo de que Internet es el salvaje Oeste»- en el que se asistirá a un «encogimiento» en el mundo de la música. «Por un lado habrá una multiplicación de la oferta. Ahora, Myspace tiene ocho millones de artistas, una barbaridad. La oferta es muy grande, pero cuesta difundirla, no hay presupuesto para conocer a los artistas. Después, habrá una balcanización en la audiencia, que se romperá en pequeños trocitos de muy escaso público. Seguro que la próxima década no volveremos a tener un Springsteen». |
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